Dormir es una actividad imprescindible para la vida, en donde hay una paralización funcional temporal para descansar y reponer energías, y en donde paralelamente hay un proceso altamente activo a nivel fisiológico y cerebral.

En las últimas décadas, ha habido un aumento sustancial desde el punto de vista tecnológico, laboral y de relaciones sociales, que ha hecho que los problemas relacionados con el sueño hayan aumentado debido a la posibilidad de realizar actividades sociales, de entretenimiento y laborales en cualquier momento del día o de la noche.

Por otro lado, el confinamiento ha reestructurado las rutinas y pudo haber desencadenado problemas de salud mental y físicos. Lo anterior puede alterar las horas de sueño, debido a que tenemos una mayor actividad virtual (redes sociales), menos interacción social presencial, menos participación en actividades recreativas, deportivas, físicas, menor exposición al sol y menor movilidad durante el día.

Dormir bien es un factor importante para la salud y el bienestar. Las horas adecuadas de sueño fortalecen el sistema inmune, consolidan la memoria, mejoran el aprendizaje, favorecen procesos de reparación celular y regulación hormonal. Por consiguiente, una buena y adecuada cantidad y calidad de horas de sueño van a ayudar a proteger nuestra salud física y mental. De esta manera, influirá directamente en la calidad de vida de las personas.

Es por estos motivos, que se recomienda cumplir con las horas de sueño adecuadas, las cuales pueden ser variables. Generalmente la necesidad de horas de sueño cambia a medida que pasan los años. Algunos estudios mencionan que los niños en edad escolar (5-10 años) necesitan de 10 a 11 horas de sueño, los adolescentes (10-17 años) de 8.5 a 9.5 horas y los adultos, de 7 a 9 horas (1).

Referencia:
http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-07522014000100018

Valentina Carrasco
Nutricionista