Por Camila Quevedo Nutricionista, health coach y Nutricionista de Nativ for Life

 

La ansiedad es una emoción que está presente en todos los seres humanos. Nos lleva a hacer ciertas cosas cuando sentimos que perdemos el control de lo que nos está sucediendo.

Nos hace comenzar a vivir más en el futuro, en nuestras mentes rumiadoras y en una serie de escenarios y posibilidades que lo más probable es que nunca ocurran y que a las soluciones que imaginamos, tampoco tengamos la oportunidad de llevarlas a cabo, y lo peor es que nos saca de lo más sagrado y lo único real que tenemos, el presente.

Muchos recurrimos a la comida para calmar y bajar esta ansiedad, dándonos un poco de placer instantáneo y momentáneo. Comenzamos a cambiar la forma en que nos relacionamos con la comida. De pasar de un acto placentero y nutritivo, lo transformamos en una vía de escape, que nos desnutre y poco ayuda, más que darnos culpa.

Lo mejor de todo es que siempre, siempre puedes cambiar, transformar y volver a empezar. Lo importante es detenerse, volver a encontrar el centro… como si estuvieras meditando… dejar de estar tan encima de nuestros pensamientos , de nuestras creencias y dejar de creerle tanto a la mente y solo observar, tomar un poco de perspectiva, observar con mayor distancia. Cuando logramos hacer esa pequeña acción pero que mucha energía requiere… es como si nos sacáramos un antifaz de ojos y podemos ver con más claridad, más lúcidos y más simple. La ansiedad baja… y nos volvemos a conectar con la comida desde el goce, el placer y el equilibrio… porque finalmente no necesitamos encontrar el placer afuera para calmar nuestras angustias, sino el placer está dentro de nosotros.

Elige a que pensamientos y emociones ponerle energía, si al fin de cuentas, las plantas crecen donde les pones agua.