Por Camila Quevedo Nutricionista y health coach

 

En nuestras queridas vacaciones, un gran error que todos comentemos es, pensar y sentir que comiendo algo que nos gusta y que no está dentro de lo “permitido”, todo pierde importancia y es como si nada de lo que hemos hecho anteriormente sirve. Si como esto, o me tomo lo otro… ya no importa lo que hagamos después, igual ya la “cagamos”. La ley del todo o nada aquí en nuestra alimentación poco vale y de nada nos ayuda.

En realidad el gran error esta en darle demasiada atención e importancia a esa simple “salida”. Al ponerle tanto valor (que no se lo merece) hacemos que nuestras futuras acciones vayan en esa misma línea, entonces es tal el protagonismo que toma esa simple acción que comienza a gobernar las siguientes. Entonces nos regimos por esa y por ende nos hacemos creer que ya no hay vuelta atrás y soltamos todo trabajo y equilibrio que habíamos desarrollado anteriormente.

Sin embargo la clave está ahí mismo… en no saber disfrutar del equilibrio, de gozar de un rico postre sin repetirse, de comer un variado aperitivo y luego comer sin hambre… lo fundamental es estar en plena presencia, saboreando, sintiendo…. Cuando nos enfrentamos a la comida desde el lugar del disfrute, del goce y del sentir, no hay espacio para la ansiedad ni la insaciabilidad que nos hace comer en profunda desconexión.

Por eso esta vez más que darles consejos de que o no comer, los invito a disfrutar, a no culparse y si es que lo sentimos como culpa, la próximo vez nos medimos y volvemos al centro. Siempre se puede volver al equilibrio. Con solo un día de cuidarse, y cuando hablo de cuidarse, no es desde la restricción, lo digo desde el escucharse y entregarle al cuerpo lo que necesita, se siente el cambio.